domingo 5 de octubre de 2008

Excursión a Islaplana.

Acudimos mi padre, mis hermanos pequeños, dos personas del grupo de espeleología de mi padre y yo a las afueras de Mazarrón, en Isla Plana, en Murcia, para visitar varias cuevas. En esta ciudad sí tengo vividas muchas historias románticas y una de ellas, por cierto, relacionada con las estrellas, pero no la contaré aquí, la dejaré para mi biografía.

De una de esas grutas posiblemente se haya oído hablar: se trata de la cueva del Agua, o cueva del Lago, tristemente famosa porque hace relativamente poco fallecieron dos policías dentro, dos submarinistas, que intentaron buscar la salida al mar.

http://personal.telefonica.terra.es/web/cuevadelagua/
http://www.elmundo.es/papel/hemeroteca/1996/04/04/ultima/100422.html

Fuimos también a ver dos cuevas llamadas Surgencia Húmeda y Surgencia Seca. El recorrido que seguimos, más o menos, se muestra aquí.
http://www.cocin-cartagena.es/maza0512.htm

Nos quedamos a dormir en medio de esa rambla que se nombra en el texto.


La rambla es un espacio muy abierto. Yo padezco de agorafobia, terror a los espacios abiertos - ahora sé que es por que al estar en medio de un gran espacio abierto se produce en todo ser vivo una desorientación que en mi caso debe de ser mayor, aunque a mi me sigue dando mucho miedo estar en medio de un espacio de cemento o de metal sin nada encima de mi, sin principio ni final, como los enormes canales de agua que hay en Cartagena y que dirigen el abastecimiento de agua potable hacia la ciudad. Imaginando la canalización de todo un río para abastecer una gran ciudad, cómo será el entramado de canales y el espacio que abarca... inmenso. Y dos niñas pasando por encima de todas esas enormes tuberías, en el interior de las cuales puede vivir una familia entera....- Así que durante el día, tengo terror a ponerme en medio de uno de esos espacios. Pero en la noche, donde la oscuridad real ampara a las almas débiles o indefensas, aunque tortura a las que son negras como su mismo desconocimiento, no tengo miedo. Me siento más a mi aire.

En la rambla hay árboles de diversos tipos: carrascas, almendros. El recorrido entre la cueva del agua o del lago y la rambla, lo hicimos caminando y mi padre, mi hermano y los dos chicos se ventilaron un litro de tinto al son de la siguiente canción: "Mi abuelita me enseña un cantar, la que se ve a armar, la que se está armando. Tómate un trago. Ahora un traguito. Otro más grande. Otro más chico.". Para poder hacer noche en medio de la rambla, nos llevamos mi hermano y yo dos mantas de casa. Cosa curiosa. Mi hermana prefirió descansar al lado de mi padre y mi hermano se quiso venir a dormitar conmigo. Es menor que yo, no penséis mal. Edificamos un túmulo de arena de cerca de 2.5 por 2 m. que estuvo bordeado por una pequeña cuneta de 30 cm de profundidad y ambas mantas colocadas encima, todo esto cerca del fuego para que no vinieran animales rastreros a dormir con nosotros: ya conocéis esas historias de las serpientes que comparten saco con un excursionista que no vuelve a realizar una excursión en su vida.

Yo extraño mucho la cama, así que no podía descansar. Estaba oscuro, creo que la luna estaba en uno de los cuartos. Se escuchaban los sonidos de las lechuzas, sobre todo, unos gritos que me parecían de una persona que huía despavorida, pero me aseguraron mis compañeros que eran animales. Los imaginaba encima de aquellos pequeños árboles, observándonos.

Para tranquilizarme, me quedé mirando hacia el cielo. Ya no pude dormir. Habíamos situado el túmulo de manera que quedaba alineado paralelamente a la dirección de la rambla, no perpendicular, así que observando el cielo evidencié, no sé cómo explicarlo, el movimiento de la tierra. A mí me daba la impresión de estar subida en uno de esos barcos que hay en las atracciones que se balancean de un lado al otro. O en uno de esos barcos con fondo de cristal donde la persona conoce que es ella misma la que se mueve mientras que ve pasar el paisaje que permanece estable ante nuestro movimiento. Del mismo modo miré hacia delante. Había estrellas. Empecé a recorrer con la vista el cielo hacia atrás y vi un trecho del cielo que parecía estar vacío pero oscuro, porque el acercamiento a la luz del sol ya no permitía ver más estrellas. Mas adelante, el cielo comenzaba a aclararse, porque nos íbamos acercando hacia el sol.

Y me pareció que el cielo era una de esa serie de imágenes que hay en una secuencia de películas y nosotros viajábamos en el proyector. La tierra seguía dando vueltas y nos iba llevando hacia el trecho de cielo que ya no tenía estrellas. A continuación nos seguía llevando hacia el trecho donde el cielo empezaba a verse con más claridad y se iba difuminando la noche, iba desapareciendo la oscuridad. Para acabar llegando al cielo gris del amanecer, ese cielo que me parece tan frío, tan antipático y que va llevando a los seres humanos a la realidad de otro nuevo día.

Pero si miraba hacia delante, a mis pies seguían viéndose las estrellas. Y Detrás de mi cabeza aparecía el sol. Me encontraba en medio de la trayectoria entre dos puntos de destino.

Entonces sentí que había compartido con el universo el movimiento de mi planeta.




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martes 10 de junio de 2008

Sería encantador ver en tus ojos...

Sería encantador ver en tus ojos
las líneas de olvidadas palabras.
De los libros antiguos, ver sus lomos,
sentir tu yema crujiendo las páginas.

Sería emocionante ver las olas
del mar al descubrirse en tus cabellos.
Sentir el aire frío del invierno
oscura en el espacio de tu cuerpo.

Sería fabuloso ser tus dedos
recorriendo rápidos los teclados
del destino, del cielo y del infierno,
que las frases procesan con agrado.

Y sería además oculto y tierno
escucharte en el ruido del silencio.
Dejar al viento marcar los caminos
en la playa, en el monte, el mar o el cielo.

Será maravilloso ser tus días,
recoger los minutos de tu tiempo,
disfrutar tus sonrisas y tus ansias,
apoyar tus locuras, tus aciertos.

Será dulce poder vivir tus penas
en los llantos y ser tus frías lágrimas
flagelar mis errores con disculpas
librarte del pesar y la nostalgia.

Será sabio en tus manos poner todo
el mundo. Dispones en tu presencia
de las horas creadas, de los frutos,
de los seres y todas las esencias.

Pernelle. 24 de junio de 2006.

domingo 8 de junio de 2008

Y de nuevo retorno a encerrarme en la cueva

Y de nuevo retorno a encerrarme en la cueva.

De nuevo la vil luz me ciega sobre el terreno.

No se filtra en rendijas.

Como las aguas quedan bloqueadas por la roca,

la luz queda ahogada por mi sol de conciencia.

El viento remueve los lamentos de las hojas.

El azul se envuelve en el abrigo de la niebla.

Las sombras ya son tristes. Acechan el vacío

que amalgamó una espuela.

De nuevo la locura dicta mis prioridades.

Quizás la sensatez abandonó mi camino.

He obviado los destinos.

No sigo los principios.

Y me dejo llevar por el polvo de la vida.

No. No por el sexo. No. No por el seso. No.

Por la simple existencia del aire que respiro.

Y Si aún debo de seguir, sin procedencia sigo.

Sigo sin tener norte.

Sigo sin equilibrio.

Sin punto de partida ni fin de recorrido.

Según viajan las nubes

Sin rumbo ni sentido.

Pernelle. 13 de diciembre de 2006

No te siento.

No te siento.
Quizás los violines de lamento lento
se vayan llevando hacia el postrero olvido
el carácter tierno de tus pensamientos.
Quizás mis palabras abrieron la fosa
que engañó a la dicha
y fue sepultada toda la alegría
de sentirme tuya
de sentir tu vida.

Mi sinceridad
arruinó tu estima.

No te siento.
Ya la noche ahoga todo mi sustento
de pensar los pasos de tus sentimientos
por aquella playa, por aquella orilla.
De mirar tus ojos velados al viento.
De doblar tu rostro
- tu rostro sereno -
en un gesto suave, un entrañable gesto.
El que una sonrisa provocó en el tiempo.
El que una memoria trajo con el viento
hacia tu mirada.
Mirada perdida.

En aquella arena del mar de la vida
no te siento ahora.
Me encuentro perdida.

Pernelle. 24 de abril de 2007.

domingo 2 de diciembre de 2007

Amanecer en frio

Qué mañana más fría. Qué luz más blanca en todas las cosas. Parecía que el aire blanqueaba la tierra para depurar los desaguisados que los humanos dejamos sobre ella.

El aire lloraba y se dejaba caer en cubos, pesado, cuadriculado, en losas pequeñas y gruesas. El ambiente es frío, la luz es tibia, medio blanca, medio amarilla. Las partes de atrás de las casas, las galerías, tienen todas ese encanto de lo oculto para que nadie vea las vergüenzas que trabajan y permiten que el resto de la casa tenga ese aire cálido y acogedor. Por eso tengo yo colocado mi despachito en la galería, al lado de la lavadora, del lavavajillas, de la tabla de planchar. Se suponía que nadie tenia que entrar aquí a mirar lo que tengo y hago aunque la suegra no fue de mi opinión.

Parece que después de tomar una decisión cualificada y equilibrada, el entorno se equilibra también, pero desaparece todo lo humano. Fríamente se levanta una de la cama, acude al aseo a mirar la fría cara de todos los días y a realizar las mismas y frias actividades. De repente todo se hace mecánico y la única razón por la cual se hace es porque la vida y la sociedad lo exigen. Entonces la casa, la oficina, tomar un café, estar con el resto de las personas, no tiene el mismo cariz. Se hace todo como si uno fuera un robot. Se ríe porque se sabe que la película que se ve es de risa o porque se tiene cierta estima al amigo que cuenta el chiste malo o porque los demás no vean que se ha caído en el frío orden y concierto de las cosas frias.

Todo tiene su encanto, todo, hasta lo frío. Hasta el mar oculta bajo su tímida y enorme piel de olas, de rutina, de dejarse llevar, un mundo fabuloso. Un mundo lleno de vida, dado que el agua es un mineral y no siente. La vida aquí en la superficie, es para algunos, robótica. Lo dicen muchas veces. "Hay que reír, se ríe, hay que llorar, se llora, hay que trabajar, se trabaja". Un frio y cuadriculado mundo lleno de normas y de restricciones, donde estamos metiendo a los sentimientos en una bolsa para encerrarlos del todo y convertirnos en robots humanos que sólo nos dedicaremos a laborar, investigar y contar y si es preciso a convertirnos en conejillos de indias o a morir para que unos pocos puedan engordar a nuestra costa. Somos todos humanos y todo nos alcanza a todos, hasta a ellos.

Sin sentimientos, no podría escribir.

Quizás me sobran, sentimientos y empatía. A saber a quién se los estoy robando. Sin sentimientos, una mañana tan fría como esta que me ahoga la garganta y me oprime el corazón, hablándome de una tristeza que tengo y que me niego a ver, después de pasar una tarde y una noche entre personas amigas y reír y cantar con ellas ahogándome las lágrimas y destrozándome las entrañas, riéndome a carcajadas y bromeando, sin sentimientos, seria una mañana de losetas azules y blancas en un habitáculo de cinco metros por dos con grandes ventanales, una lavadora, un lavavajillas y un calentador, un suelo fregado y un desayuno sin sabor. Con sentimientos, supongo que la emoción de cumplir el sueño de mi vida, levantarme temprano un domingo por la mañana y disfrutar de la paz que encierra ver amanecer y la tranquilidad de la gente que duerme, hubiera sido fascinante, cumplir el sueño de toda mi vida. Pero no así, aunque ya está hecho. Y lo agradezco, igual ha sido un enorme regalo para animarme, dado que pocas veces he podido ver un cielo tan azul,

tan intensamente azul como el que salia esta mañana y una luz tan limpia y un sol tan hermoso. Dicen que el sufrimiento depura y mejora. Igual he ayudado un poquito con éso y por eso esta mañana mis conciudadanos, pueden perderse este amanecer mientras duermen.

O quizás está reservado a unos pocos. O es la misma tierra quien me acompaña regalándomelo o entre todos se lo regalamos a otra persona que sufre o que es feliz. En todo caso, mientras pueda aprovecharse y sea útil para crecer, vayan mis lágrimas y mi sufrimiento por ello. Ojalá alguien también disfrute de este amanecer con alegría y con esos nuevos ojos que se ha colocado, con esa persona que necesitaba, por fin, a su lado, y que ambos sean muy, muy felices.

Sobre todo, si escuchan ambos esta aria que me ha llegado al correo esta mañana, que es preciosa. Mirar el amanecer en los ojos de otra persona, es lo más bello que puede existir.

http://es.youtube.com/watch?v=5MjnIcxCz8c

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sábado 17 de noviembre de 2007

Yo, estúpida.


YO ESTÚPIDA.


HE AQUI UNA GILIPOLLAS

He aquí un ser como muchos de los cuales existimos en el mundo pero que no terminamos de ser erradicados de la faz de la tierra como peligro público. Lo peor no es que no seamos extinguidos como cosa inútil para el planeta y sus habitantes, no. Es que somos como los conejos. Nos multiplicamos y cada vez somos más y más, cada vez más.

Hasta que llega el momento de ponernos delante de nuestro espejo y reconocernos en lo que somos. Entonces... empeoramos. No sólo no lo queremos reconocer sino que intentamos ocultarnos debajo de una máscara de tio guay qué molones que somos y que maravillosa es la vida y no dejamos que los demás vean nuestros miedos, nuestra inseguridad, nuestros despojos, nuestra miseria que llevamos mucha en el cuerpo, nuestras ganas de ser y de poder, nuestros fracasos que ocultamos ante quienes duramente han trabajado y se han ganado la vida y una posición

Y vamos por ahí confiando en lo buena que es la gente. Y si no es buena da igual. Seguramente los malos seremos nosotros por no saber vislumbrar la maldad ajena, porque los malos somos realmente nosotros, lo que nos toca nos lo merecemos y hemos de llevarlo con resignación y tirar de ello hacia delante, con una sonrisa fantasma e hipócrita, como si no pasara nada, como si ciertas cosas no fueran para nosotros, como si viviéramos de ricos toda la vida, sin preocupación alguna, fuéramos presidentes o reyes de algo y aparentando, siempre aparentando.

No somos así. No vemos el sol brillar ni el césped tan verde ni el cielo tan azul ni el mar tan limpio. En realidad ni siquiera vemos el cielo, queda muy arriba o tiene muchas nubes porque está repleto de mierda o está muy contaminado

No vemos tampoco a la gente tan buena. Tenemos una memoria pésima y no nos acordamos de que nadie da nada por nada, nadie ama gratuitamente, nadie hace nada sin esperar nada a cambio, para no ser llamado gilipollas, nadie apoya al otro si no es para recibir una compensación, nadie es inteligente como para poder llevar su cruz y reconocerlo, todo el mundo desea poder y egoísmo, que hay que ser así, egoísta, prepotente, ser lo más de lo más.

Y he aquí que cuando uno de nosotros recibe la visión, la iluminación que el resto de los mortales, más sabios, más importantes, más trabajadores, más inteligentes, entonces se produce un choque eléctrico de definiciones, una confrontación de opiniones, un extravío del sentido común y se abre un pozo. Se rompe la imagen como si de un gran espejo de cristal caer sobre la persona que mira y sus restos son partes del corazón. De repente se queda en la nada, se pierde en el tiempo y el dolor es infinito, el dolor es inconmensurable, el dolor de haber arrancado una vida de las entrañas, el dolor de haber quebrado toda una existencia de donde no era. Esa existencia estaba mal encajada y cual si fuera la pieza de un puzzle, se arranca y se clava en otro lado. La mano que lo hace nunca tiene en cuenta los daños colaterales porque siempre hace bien. Y nosotros, los gilipollas, somos los que sufrimos por eso, somos gilipollas, queremos sufrir y pasarlo más, no entendemos a la gente ni nos preocupamos, somos totalmente obvios y desacreditados. Es que estamos locos perdidos, somos inanes, somos cosas que no deberían haber visto la luz, ni siquiera para dar a conocer a la gente lo lista que es, lo guapa que está, lo mucho que sabe, lo importantes que son ciertas cosas que el gilipollas, yo, pues no sabe valorar ni evidenciar

Y van muriendo como pétalos al caer, universos, mundos, que podían haber sido infinitos, grandes, ricos, y se quedan en nada, en una sombra, en un resto, un poso de café, el murmullo de una hoja, el resto de la sal cuando el agua se evapora. De todas maneras, todo esto para una persona cuerda son gilipolleces, eso no se tiene en cuenta. Se tiene en cuenta el peso de las necesidades propias: comer, beber, dormir, gastar, divertirse, trabajar y si sobra, iría todo lo demás.

Cómo puedo ser tan estúpida, tan idiota, tan cetrina, tan ignorante, tan sucia de mente, tan inocente. Cómo sigo creyéndome todo lo que me dicen y todo lo que me viene de la gente. Cómo caigo, una y otra vez, sin parar, en los juegos ajenos donde participo no como ficha ni como dado, sino como casilla o comodín y cuando aprendo una, caigo en otra. Nadie me hace nada, soy yo la que llevada de mi buena fe, vuelvo a caer y no aprendo, una y otra vez. Sirvo de juguete, de tentetieso destrozado, de payaso de cara cruel de tenor desafinado y de jabalí chillón. Sirvo de broma, de cachondeo, de risa, mofa y befa, para unos cuantos que en realidad no tienen culpa de nada, dado que soy yo la que lleva la batuta en ésto y no sé cambiar mi comportamiento.

Y caigo, caigo una y otra vez, caigo y vuelvo a caer, no paro de tropezar. Tengo las manos, los pies, el corazón lleno de cicatrices, cortes, llagas y me veo como un mal actor en una carretilla de esas que se llevaban antes con un toldillo y unas cortinillas, que hacía lo que fuera para conservar sus principios, su buena fe, su amor al arte y a lo que lee y estudia y pone su corazón maltratado en lo que hace, sin darse cuenta o de que no está lo suficientemente preparado o no sabe ver las necesidades de su público. Ofrece lo que tiene, intenta recibir y captar lo que necesita, intenta enseñar lo que su corazón vive pero... no está bien preparado, científicamente no es correcto, intelectualmente no tiene la correlación suficiente o la base determinada y preparada... Al final acaba en la plaza del pueblo encerrado de pies y manos en un cepo para mofa y befa del pueblo llano que un dia se olvidará de él y quedará como trágico y decepcionante ejemplo de lo que sirve ser nada o estúpido en la vida... o para carnaza de cuervos y de canes villanos.

Esto no tiene solución. El mirarse dentro, el intentarse perfeccionar, el intentar pasar por encima de las cosas y subir y subir sin parar hasta que llega un momento en que la escalera llega a una cumbre, a un camino y como no se puede bajar por donde se ha subido, la caída por el otro lado, llano, sin escalones ni camino, en picado hacia la oscuridad, hacia un futuro ennegrecido por la realidad, por las expectativas engañosas que abren sus bocas felonamente y devoran sin piedad y todo les parece poco, todo, todo, minimamente, nada, negro, oscuridad, sin fondo, caída terrible sin fin, eternamente, sin parar el dolor, el suplicio de lo incierto, del qué ocurrirá y cuando se ve una mínima salida, se la tira por tierra y vuelve el suplicio a abrir la herida y se pretende cerrar con engaño pero es imposible. El espejo cede y se rompe y la caída libre continúa hacia el infinito, hacia el absurdo, hacia donde no sabe nadie qué podía haber sido

Yo... yo... yo... es patético

Si alguna vez aprendiera a decir tú... o nosotros... quizás cambiara la cosa.




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miércoles 14 de noviembre de 2007

Minuts

Necesito mis momentos, los necesito
Necesito mi espacio, mi tiempo, mi soledad, mi silencio, mis letras, mi música, mi angustia, mi deseo, mi percepción, mi desidia, mi asco, mi alegría, mi ánimo, mi dolor.
Todo.
Pero a solas. Lo necesito a solas.
En estas horas donde la naturaleza ha hecho el reposo para que el cerebro pueda desarrollar sus más ocultas actividades, yo sigo despierta. Por que necesito estos momentos de soledad.
Para encontrarme a mi misma.
Y para encontrarme contigo.
En tu lucha, en tu miedo, en tu tristeza o en tu alegria, en tu lugar, allá lejos, donde quiera que ahora te encuentres, donde sea que hoy te desesperes o donde llores o rías, donde ames y sueñes, donde me maldigas y donde desees otras posesiones.
Necesito estos momentos. Por ti, contigo y conmigo. Los necesito.
Aunque no hubo principio ni habrá fin. Aunque no haya nada, no exista nada más que lo que se deje entrever, o lo que se quiera adivinar, de lo que se desee hablar o de lo que quieran burlarse.
De nada.
Lo necesito.
Te necesito. Da igual que nunca sea reciproco.
Da igual que todo se ponga en contra o a favor. Da todo igual.
Son esos momentos.
No pido nada ni devuelvo nada. No imagino nada ni nada pienso.
Pero ésto, ésto que hay ahora, ésto que mueve a que una canción suene y que unas letras sean escritas.
Es lo que necesito. Y no de cualquiera, sino de ti.
Porque de este modo existo.
Y de este modo, ansío vivir.

Vals del minuto. Chopin. Barenboim

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