De una de esas grutas posiblemente se haya oído hablar: se trata de la cueva del Agua, o cueva del Lago, tristemente famosa porque hace relativamente poco fallecieron dos policías dentro, dos submarinistas, que intentaron buscar la salida al mar.
http://personal.telefonica.terra.es/web/cuevadelagua/
http://www.elmundo.es/papel/hemeroteca/1996/04/04/ultima/100422.html
Fuimos también a ver dos cuevas llamadas Surgencia Húmeda y Surgencia Seca. El recorrido que seguimos, más o menos, se muestra aquí.
http://www.cocin-cartagena.es/maza0512.htm
Nos quedamos a dormir en medio de esa rambla que se nombra en el texto.
La rambla es un espacio muy abierto. Yo padezco de agorafobia, terror a los espacios abiertos - ahora sé que es por que al estar en medio de un gran espacio abierto se produce en todo ser vivo una desorientación que en mi caso debe de ser mayor, aunque a mi me sigue dando mucho miedo estar en medio de un espacio de cemento o de metal sin nada encima de mi, sin principio ni final, como los enormes canales de agua que hay en Cartagena y que dirigen el abastecimiento de agua potable hacia la ciudad. Imaginando la canalización de todo un río para abastecer una gran ciudad, cómo será el entramado de canales y el espacio que abarca... inmenso. Y dos niñas pasando por encima de todas esas enormes tuberías, en el interior de las cuales puede vivir una familia entera....- Así que durante el día, tengo terror a ponerme en medio de uno de esos espacios. Pero en la noche, donde la oscuridad real ampara a las almas débiles o indefensas, aunque tortura a las que son negras como su mismo desconocimiento, no tengo miedo. Me siento más a mi aire.
En la rambla hay árboles de diversos tipos: carrascas, almendros. El recorrido entre la cueva del agua o del lago y la rambla, lo hicimos caminando y mi padre, mi hermano y los dos chicos se ventilaron un litro de tinto al son de la siguiente canción: "Mi abuelita me enseña un cantar, la que se ve a armar, la que se está armando. Tómate un trago. Ahora un traguito. Otro más grande. Otro más chico.". Para poder hacer noche en medio de la rambla, nos llevamos mi hermano y yo dos mantas de casa. Cosa curiosa. Mi hermana prefirió descansar al lado de mi padre y mi hermano se quiso venir a dormitar conmigo. Es menor que yo, no penséis mal. Edificamos un túmulo de arena de cerca de 2.5 por 2 m. que estuvo bordeado por una pequeña cuneta de 30 cm de profundidad y ambas mantas colocadas encima, todo esto cerca del fuego para que no vinieran animales rastreros a dormir con nosotros: ya conocéis esas historias de las serpientes que comparten saco con un excursionista que no vuelve a realizar una excursión en su vida.
Yo extraño mucho la cama, así que no podía descansar. Estaba oscuro, creo que la luna estaba en uno de los cuartos. Se escuchaban los sonidos de las lechuzas, sobre todo, unos gritos que me parecían de una persona que huía despavorida, pero me aseguraron mis compañeros que eran animales. Los imaginaba encima de aquellos pequeños árboles, observándonos.
Para tranquilizarme, me quedé mirando hacia el cielo. Ya no pude dormir. Habíamos situado el túmulo de manera que quedaba alineado paralelamente a la dirección de la rambla, no perpendicular, así que observando el cielo evidencié, no sé cómo explicarlo, el movimiento de la tierra. A mí me daba la impresión de estar subida en uno de esos barcos que hay en las atracciones que se balancean de un lado al otro. O en uno de esos barcos con fondo de cristal donde la persona conoce que es ella misma la que se mueve mientras que ve pasar el paisaje que permanece estable ante nuestro movimiento. Del mismo modo miré hacia delante. Había estrellas. Empecé a recorrer con la vista el cielo hacia atrás y vi un trecho del cielo que parecía estar vacío pero oscuro, porque el acercamiento a la luz del sol ya no permitía ver más estrellas. Mas adelante, el cielo comenzaba a aclararse, porque nos íbamos acercando hacia el sol.
Y me pareció que el cielo era una de esa serie de imágenes que hay en una secuencia de películas y nosotros viajábamos en el proyector. La tierra seguía dando vueltas y nos iba llevando hacia el trecho de cielo que ya no tenía estrellas. A continuación nos seguía llevando hacia el trecho donde el cielo empezaba a verse con más claridad y se iba difuminando la noche, iba desapareciendo la oscuridad. Para acabar llegando al cielo gris del amanecer, ese cielo que me parece tan frío, tan antipático y que va llevando a los seres humanos a la realidad de otro nuevo día.
Pero si miraba hacia delante, a mis pies seguían viéndose las estrellas. Y Detrás de mi cabeza aparecía el sol. Me encontraba en medio de la trayectoria entre dos puntos de destino.
Entonces sentí que había compartido con el universo el movimiento de mi planeta.



